Project Description

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ARTISTA
VICTOR MIRA
Zaragoza 1949 – Múnich 2003

Victor Mira. Biografía

Víctor Mira nació en Zaragoza en 1949. Su carrera artística ha estado marcada por un carácter autodidacta, desarrollando el grueso de su trabajo entre la pintura, el dibujo y la escultura. Su gusto por el arte propició que desde muy joven encauzara su trayectoria profesional, ya que con tan solo dieciocho años Mira pudo realizar su primera exposición de escultura en su ciudad natal, Zaragoza, coincidiendo, además, con que ésta muestra era la primera que se celebraba al aire libre.

Durante la década de los setenta, el joven Víctor viajó por la península diferentes lugares como Madrid, Barcelona o Pamplona para luego pasar a conocer países como Alemania o Estados Unidos invitado por el Meadows Museum de Dallas.

Su pasión por el arte vino de la mano de un gusto por la literatura, así en 1975 publicó El libro de las dos hojas, y en 1978 Estética kebrada aragonesa. Además de las publicaciones comienza a trabajar en su libro Tierra en 1979, y a principios de los ochenta prepara su libro de grabados Cien imágenes de África, que se publicara años después, en 1996 concretamente.

En 1985 la revista Extrema Presión le invita a participar en una edición objeto, pudiendo publicar así su libro de poemas Madre Zaragoza. Se observa en su trayectoria una actividad frenética, las exposiciones se suceden en diferentes puntos de la geografía peninsular, europea e incluso americana, sus publicaciones no cesan y sus trabajos se diversifican, posters, carteles, poemas, pintura, escultura y obra gráfica. En la década de los noventa destacar la publicación de tres de sus libros de grabados, Imágenes para enamorados, Bachkantaten y Estilitas, serie artística que inició en 1985

Los años noventa resultaron igualmente fructíferos, las publicaciones se sucedieron tanto de libros como de posters en revistas de ámbito internacional, como ocurrió con A mere crisis is not enough en 1993 o The two most Clever sons of Salvador Dalí en 1998. De esta década cabe mencionar la invitación del artista Antonio Saura a Mira para participar en la exposición conmemorativa del 250 aniversario del nacimiento de Goya, en Zaragoza, en 1996. Concluirá esta década con su primera exposición fotográfica en Nueva York.

Con el nuevo siglo, Mira sigue trabajando en su línea, abarcando diferentes técnicas, realizando exposiciones, publicando sus trabajos en cualquiera de sus formatos y cosechando éxitos que le lleven a ser galardonado en el 2003 como Mejor artista español vivo en la Feria ARCO.

Su indiscutible aportación al mundo del arte y la cultura fue también reconocida cuando el artista, que vivía entre Barcelona y la localidad bávara de Breitbrunn, murió trágicamente tras arrojarse al tren. El martes 18 de noviembre del 2003, tras haberse registrado un incendio en la cocina de su apartamento, provocado por un cortocircuito, el artista decidió quitarse la vida en la fase, calificada por muchos, como su etapa profesional más dulce. El artista se encontraba en una buena fase creativa y se disponía a preparar la próxima edición de ARCO. «Vivía en su taller, como un monje, para el arte”. Las pérdidas materiales fueron cuantiosas, entre éstas mencionar la desaparición de parte de su obra que según su galerista en Múnich “se quemó gran parte de su trabajo”.

En Humus. Diario 1994–1998 , publicado por Víctor Mira en la colección Baltasar Gracián de la Diputación Provincial de Zaragoza, recordaba: «Desde las ventanas de la casa de mis padres en Zaragoza veía las montañas de Juslibol que, a lo lejos cortaban el horizonte. Allí solía ir con frecuencia, atravesando campos de maíz más altos que yo, un maíz amarillo de panochas requemadas que, a veces, arrancaba para refrescar mi boca. Pocas cosas mejores había que aquella de subir a las montañas y adentrarme en un mundo olvidado de los hombres».

En ese libro, lleno de poesía y escrito a veces como un pequeño dietario, subrayaba, en el epígrafe Cuando me muera : «De las dos partes de que estoy hecho, una que la lleven a España y la entierren allí. La otra, que la dejen aquí en Alemania y que la quemen».